Hermoso sol mágica luna
Maig 19, 2009
El peculiar Terrence Malick, Terry para los amigos, rueda en el 78 su segundo largometraje “Days of Heaven” en escenarios naturales de Canadá. Gana el Oscar a la mejor fotografía. Su primera película supone un fracaso comercial que no crítico “Badlands” y constituye una rara y excepcional película.
Bill y Abby, una joven pareja, deciden abandonar la pobreza y la dura vida que llevan en el Chicago de 1916. Los dos, junto a Linda, la hermana de Bill, viajan hacia las grandes zonas de cultivo de cereales de Texas, donde encuentran trabajo como braceros en una granja. Al finalizar la cosecha, el joven y apuesto patrón, que cree que los tres son hermanos, les pide que se queden porque se ha enamorado de Abby…
”Days of Heaven” suma drama, romance e intriga y el argumento se sustenta por la particular narración de sustracción, es decir, resta todo lo que puede y sostiene la obra con unos sólidos y consistentes palillos, si el director decide quitar una de estas varillas la película corre el riesgo de perderse en la abstracción. Terry nos cuenta una historia, aparentemente lineal y aunque lenta y apacible es del todo inteligible, incluso en un primer visionado, aunque no por ello deja de ser más compleja de lo que parece. “Days of Heaven” presume de una espectacular fotografía de Néstor Almendros y Haskell Wexler que remite a la pintura impresionista (Hopper, Millet, Van Gogh) consiguiendo cautivar al espectador desde el primer fotograma. La belleza que desprenden las imágenes es inenarrable y si añadimos la curiosa “voz en off”, utilizada de modo magistral (La narradora cuenta la historia como un recuerdo vívido y cómo los hechos impelen en sus emociones), el espectador acaba literalmente hipnotizado y Malick, consciente de ello, nos mueve por la senda que le place. Somos inconscientes moscas atrapadas en una hermosa tela de araña… percibiendo, acaso, una extraña realidad como los personajes principales de “Days of Heaven”.
La película es un canto a la naturaleza, exaltando su inmensidad, su belleza e incluso su detalle más ínfimo, diríase íntimo, todo fluye… el tiempo pasa inexorablemente independientemente de como lo vivamos y de quienes seamos: un escarabajo pelotero, un ser humano o el trigo de un trigal y toda la vida que yace bajo el infinito cielo, aquí aplastante, es pura nimiedad… Somos “un pedo” de Dios y nos aferramos a la existencia en una encarnizada lucha por sobrevivir, todo impregnado de una vaga melancolía, constante en la obra de Malick.
A título personal la exigua obra de Terry despierta en mí una curiosa sensación de libertad, extraña por paradójica, inefable al fin.
La música, compuesta y dirigida por Ennio Morricone y el clásico Camille Saint- Saens, ofrece una partitura de melodías de aires country, bucólicas y sosegadas, con un tema central de gran belleza (“Days of Heaven”).
En resumen, una historia universal bañada por un hermoso sol y una mágica luna.
Óscar Vázquez Vázquez