Freaks
Maig 19, 2009
You Can’t Take it With You, realizada en 1938 por el director italo-americano Capra, es como tantas otras del inefable Frank, una joya imperecedera y un antidepresivo eficaz sin efectos secundarios. Dirigida con aparente sencillez: apenas notamos la presencia de la cámara, el film fluye ante nuestros ojos como un innegable entretenimiento.
El niño que hay dentro de mi es un apasionado del cine de Capra ya que fue ese niño el que vio por primera vez It’s a Wonderful Life y lloró… Tiempo después, ya convertido en un hombre hecho y derecho, racional, crítico y reflexivo, volvió a ver la cinta y se volvió a emocionar, inevitablemente, como una lágrima que se desprende pura y acaricia tu rostro inmovilizando tu razón, en este caso mi razón.
El lunes pasado al visionar por segunda vez You Can’t Take it With You una sensación similar se adueñó de mi espíritu y tras 30 minutos iniciales, quizá los más pesados, Capra ya me había despojado de toda razón e intelecto y mi espíritu ya era júbilo al ver a esa entrañable familia de “freaks” y su particular visión de la vida. No es casualidad que 70 años después la película siga viva, actual, y emocione del mismo modo que lo hiciera en el 38 ya que habla de la vida rezumando vida y humor en cada plano… En cada frase del diálogo. Recordar que es una adaptación de un Pulitzer que consiguió el Oscar a la mejor película y mejor director, además de otras 5 nominaciones y el unánime aplauso internacional de crítica y público.
Es cierto que el dinero no da la felicidad y Capra lo muestra sin tachadura alguna en un derroche de ingenio: véase el efecto de la harmónica en el personaje interpretado por Edward Arnold, la harmónica es un objeto clave en toda la obra y particularmente efectivo en el clímax final. Efectivamente el dinero no da la felicidad muy a pesar del genial Groucho: “¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!”
El trabajo de Capra es indudablemente meritorio a pesar de todo lo que se ha dicho de él y de su cine: manipulador, hipócrita e incluso propagandístico equiparable ya no solo al cine ruso de la época sino también al cine de propaganda nazi de Goebbels. No se que clase de persona era Franky ni me importa en lo más mínimo pero si se o así lo creo que el ser humano es tremendamente contradictorio e insondable.
Soy de los que van al cine a disfrutar de una obra y cuando esta obra deja de ser anónima para ser pública también deja, de alguna manera, de pertenecer a su autor sino a todo el que la contempla y yo, en este caso, la contemplo con gozo ignorando el supuesto patriotismo que la impregna y embriagándome de optimismo.
Ya que el tiempo y la palabra me apremian concluyo: You Can’t Take it With You es un dulce para el espíritu, una caricia en el corazón y un rayo de luz para la razón.
Óscar Vázquez Vázquez